Creatively blogging

Thursday, April 20, 2006

Desde Suecia 1

Después de una semana de estar aquí, finalmente tengo oportunidad de enviar el correo que empecé a escribir cuando salí de la Ciudad de México. He de explicarles que durante los próximos seis meses haré mi mejor esfuerzo por escribir cosas que realmente lean y que además formen parte de mis impresiones de viaje (Eso si que suena difícil). Cabe mencionar que el estilo literario será la ausencia de estilo, así que hay texto para todos.

Tercera llamada. Comenzamos.

Sin título (aún).

Primera lección de vida: A los pasajeros de primera clase les ha dado un amor inexplicable por las Blackberries. Todas y cada una de las ejecutivas y los ejecutivos juegan con el propio mientras yo paso entre ellos con mi cara de admiración. Parecen niños con Gameboy nuevo. Seguramente consideran que sus vidas están conformadas por una serie de niveles que pueden ser conquistados uno a uno a través de sus organizadores personales. Son adultos jugando como niños o niños trabajando como adultos. No encuentro la diferencia.

Hablando de vidas, doy gracias a Dios por darme ésta. Suecia…allá voy.

Segunda lección de vida: Ésta lección va para los mecánicos aeronáuticos. Si un terrorista amargado tiene la ocurrencia de atentar contra nuestra aeronave, o si una mosca supersónica se atraviesa en el camino, el avión tomará las precauciones necesarias para la supervivencia humana. El sistema activará esas máscaras amarillas que casi nadie de nosotros tiene el honor de conocer. ¿Y qué pasa si la máscara del piloto no sirve? Sencillo. Es como si ninguna de las demás sirviera. Todos morimos. ¡Es por eso que hay que revisarlas!

Otro detalle. De preferencia revísenlas cuando la aeronave se encuentra durmiendo en el hangár, o al menos cuando los pasajeros todavía estén chachareando en el duty free, no cuando tienen abrochados sus cinturones y están inmersos en el mundo de sus Blackberries con una piña colada a medio beber.

El piloto ha dicho que la reparación durará una hora y media. Por el bienestar de todos esperaríamos que así fuera. Más tarde nos enteraremos que para Continental Airlines ese lapso es equitativo a lo que según mi reloj son 6 horas.

Tercera lección de vida: Cuando estén en el aeropuerto de su ciudad natal, esperando por 6 horas para volar a un pueblo de 75,000 habitantes en medio de un continente desconocido, con tres conexiones de por medio en diferentes países, no se pongan nerviosos. Mejor escriban en sus cuadernos y hagan que sus seres queridos lean sus notables ridiculeces. Todo es más fácil así.

Los quiero y siento que ya los extraño.



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