Creatively blogging

Thursday, April 20, 2006

Desde Suecia 4

Hoy es el martes 28 de febrero más raro de mi historia, y pasará lo mismo mañana 1 de marzo y así seguirán contando los maravillosos días de mi nórdica aventura. ¿Y qué les platico esta vez? No mucho.

Las cosas se han calmado un poco en éste mi pueblo de 70,000 habitantes y 20,000 bicicletas (quien quiera conocer un pueblo bicicletero, hábleme y arreglamos la vista guiada). Los días cada vez son menos cortos, la nieve es cada vez más dura y el sol cada vez es más complaciente. Pronto llegará la primavera.

Nosotros los pobres

Recordarán que la semana pasada les escribí desde un veloz y cómodo tren que va de Växjö a Alvesta (otro pueblo bicicletero) y de ahí a Estocolmo (capital no tan bicicletera de este gran país). Bien, ahora les cuento que aquel fin de semana fue estupendo. Estocolmo es por demás bello, aún con el viento y la nieve se puede apreciar una ciudad llena de vida y desarrollo. El diseño brota por todos lados. Desde las pequeñas tiendas hasta los grandes museos, la llamada Capital de Escandinavia, representa todas las ambiciones estéticas de la sociedad contemporánea. Así de misteriosa es su naturaleza.

Sin embargo, yo casi no estuve en la ciudad. Mis días transcurrieron principalmente en los suburbios pobres de la metrópolis sueca. Y digo pobres porque eso me dijeron los residentes de la zona habitacional donde me hospedé, pero a simple vista a mi me pareció que su concepto de pobreza distaba un poco de mi percepción. Ahí les va como está la cosa: La familia pobre promedio de este país tiene dos autos (digamos un BMW serie 3 1990 y un Audi A6 1996), tiene un refrigerador lleno de artículos básicos que incluye una amplia variedad de carnes frías, goza al menos de una pantalla de plasma de 24 pulgadas combinada con un sistema de teatro en casa, los hijos tienen IPods Nano y teléfonos Nokia de última generación, viven en un departamento de dos pisos con vista al lago, guardan un pequeño bote en la marina del vecindario para usarla en verano y se divierten esquiando en invierno, eso cuando no están de viaje por Europa u otro continente.

Ciertamente el contraste de realidades está causando estragos en mi conciencia. En las noticias dicen que 65 mineros Coahuilenses, a cambio de unos pocos salarios mínimos, se han quedado atrapados dentro de la tierra, y yo me pregunto si no estarían igual de atrapados fuera de ella. De corazón, en paz descansen.

See you downhill! (o, ¡ai nos vemos cuando bajemos abajo!)

Regresando a mi afortunada realidad solo queda decir que esquiar es fantástico, por no decir adictivo. Como me han dicho que echando a perder se aprende, yo me eché y me eché por la colina hasta que aprendí. Pero al parecer no aprendí tan bien así que después de 4 horas de caer sin consecuencias, caí con consecuencias. En el hospital de Estocolmo me dieron una credencial de acceso rápido para otras ocasiones, me hicieron esperar más de dos horas y después me dijeron que la mejor cura para mi esguince sería mover mi brazo tanto y tan pronto como fuera posible. Así nomás, sin receta, férula ni terapia me fui a casa a buscar alivio en la eficaz e internacionalmente conocida “Pomada del Tigre”. La vida aquí sigue siendo enriquecedora, aún en los malos momentos y he de reconocer que el método sueco funciona, hoy ya me siento bien.

A mi México y a todos ustedes les mando un fuerte abrazo.


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