Desde Suecia 10
Bienvenidos al inicio del final. Hoy me he dado cuenta que mi próxima visita al supermercado será la última vez que lo haga en este país. Como era de esperarse ante una situación tal, de mi boca se escapa una de esas sonrisas temerosas que expresan solamente una cosa: nostalgia. Bienvenidos igualmente a estas líneas, que orgullosamente vienen a formar la décima entrega de mis notables ridiculeces.
Mis queridos alemanes.
Justo ahora me encuentro en el Café Tufvan, un pequeño lugar casi propiedad de los estudiantes que se encuentra en el corazón del campus. A mi lado toman café esos extraños seres que han sido mis fieles acompañantes durante esta travesía. Detrás de sus enigmáticas personalidades y extravagantes comentarios dignos de caricatura, he encontrado a dos de las personas más nobles de esta aventura. A estos alemanes les agradezco tanto días como noches de risa, y sobre todo les agradezco su cordialidad. Nunca olvidaré que hasta para decirse un secreto entre ellos, lo hacían en inglés, una situación no sólo risible sino enriquecedora.
Los estereotipos únicamente nos ayudan a situar nuestras percepciones en un contexto. Eso he aprendido de estos alemanes que medio locos y medio cálidos. La nueva lección de vida, cuyo conteo he perdido desde que me caí esquiando, es ver los sonidos y escuchar las miradas. Hemos de utilizar nuestros sentidos de tal manera que nuestras ideas no nos alejen de la realidad, y viceversa. Ahí se los dejo.
No soy de aquí.
¡Pero tampoco soy de allá, soy de todas partes y no soy de ninguna! Es así como se siente en ocasiones el viajero. Contagiado por las personas con las que tropiezo y habiendo alterado ligeramente el curso de aquellos que he conocido, me siento a veces como parte de este lugar. Me gustan las flores amarillas que brotan en los caminos, y me gustan las chicas con faldas largas en bicicleta. Me gustan los perros que nadan en el lago, y me gustan los viejos que corren por la ciudad. Me gusta el silencio de la nieve, y me gusta el ruido del sol. Me gustan los pequeños de cuatro años que practican esquí alpino, y me gustó terminar en el hospital. Me gusta Tufvan, y me gusta Stallarna. Me gusta la comida con sabor a estudiante de intercambio, y me gustan las estudiantes de intercambio. Me gustan los trenes, y me gustan los barcos. Me gusta la gente que hace que me desvele, y me gusta la gente que me motiva a levantarme temprano. Me gustan las construcciones de madera, y me gustan las figuras de cristal. Me gusta que el abogado vista igual que el jardinero, y me gusta que el abogado lea tanto como el jardinero. Me gusta comer salmón, y me gusta tomar té. Me gusta correr por los grandes bosques, y me gusta recorrer las preciosas capitales. Me gustan los deportes de invierno, y me gustan las colecciones de moda de invierno. Me gusta Copenhague, y me gusta Estocolmo. Me gusta la música de Eddie Meduza, y me gusta el arte de Linda Tedsdotter. Me gusta la visión del mundo de Felix Gmelin, y me gusta la visión de los negocios de Kjell Nordström
Sin embargo me gusta mi tierra, y me gusta mi cielo. Me gusta la gente gritando en los mercados, y me gusta el rojo de los toldos de los puestos. Me gusta Reforma, y me gusta Insurgentes. Me gusta Tulum, y me gusta Palenque. Me gusta mi pequeña oficina pintada de verde, y me gustan las ilusiones de la gente que la habita. Me gusta La Cabaña, y me gustan sus recuerdos. Me gustan mis primos, mis tíos, y e gustan desde hace tiempo mis abuelos. Me gusta la voz de mi hermano, y me gustan las manos de mis padres. Me gustan los trompos, los yoyos y los baleros, y me gusta la cara de los niños al desbordarse una piñata. Me gusta Ana, y me gustan sus sueños. Me gusta Sabines y me gusta Rivera. Me gustan los puestos de flores en las calles, y me gustan también los de tacos y los de hamburguesas. Me gustan los tamales, y me gusta el atole. Me gustan los molletes, y me gustan los chilaquiles verdes con pollo gratinados. Me gusta tomar un café en Vips, y me gusta disfrutar un café en La Parroquia. Me gusta Jalcomulco y me gusta Zacatlán.
Me gusta mi México y me gusta mi Suecia.
No soy de aquí ni soy de allá,
no tengo edad ni porvenir
y ser feliz es mi color de identidad.
Por tu bello mundo, por tu magnífico mundo y tu bella gente, gracias, amado Señor.
Desde aquí, hasta allá, les mando un fuerte y caluroso abrazo.

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