Desde Suecia 11
Ha llegado el temido, inevitable y grandioso final. Estamos en esa parte de la pieza en la que los arcos de los violines se agitan con más fuerza; es cuando todos están listos para aplaudir y aún así las cuerdas se resisten a detenerse. Éstas son tan reacias a la despedida que mientras más se acaban, más resuenan, se emocionan, lloran, buscan que nadie las olvide, emiten esas notas que ya todos conocen y que ya todos festejan, súbitamente mueren, se despiden, y dejando escapar una nota larga, grave y electrizante, desaparecen.
Hoy me voy de Suecia, mi querido hogar adoptivo. Hoy me despido de mis calles y de mis amigos. Hoy doy media vuelta para buscar un nuevo destino, y lo hago inmensamente feliz.
Hablando de cobijas rosas
Creo que pocas veces he mencionado una peculiaridad de este desarrollado país: En ningún interior, público o privado exceptuando el propio hogar, se permite fumar. Esto significa que cuando alguien desea disfrutar de su cigarillo, se ve en la necesidad de salir del edificio. En un país en el que la temperatura en invierno llega a ser de unos infernales 20 grados bajo cero, esta prohibición genera toda clase de situaciones.
Recuerdo que una vez caminando en la noche por cierta calle de Estocolmo me sorprendí al ver a un grupo de al menos 20 hombres y mujeres cubiertos con unas cobijas rosa mexicano. La instancia me pareció irreverente, pero no tardé en entender que el club nocturno en el que se divertían les proveía los escandinavos sarapes para ahorrarles la hipotermia a los mencionados fumadores. ¿Por qué les cuento esto ahora? No lo sé, se me ocurrió así no’más. Situaciones como esta no existen en nuestro país, y son tan irrelevantes o tan trascendentes como cada uno quiera. Yo por mi parte, sólo tengo ganas de contarles más y más de las cosas que han inundado mi mente. Ya habrá tiempo para hacerlo
Adiós amigos
Me pregunto a mí mismo si olvidaré este momento; si en unos años pasará con ésta, lo que pasó con otras memorias. Verlos a los cuatro viviendo la melancolía del momento, de la manera más absurda y divertida posible es un cuadro que nunca quiero olvidar. Primero entonaron las tradicionales porras, esas que les entonamos a todos, a los llaneros, a los juveniles, y hasta a los del seleccionado de fútbol del reclusorio oriente. Después, los locos continuaron con un ritual que lo único que pudo es sacarme la más sincera de las sonrisas. De una pequeña bolsa tamaño Misión Imposible, sacaron cuatro pañuelos desechables que en mi tierra se conocen como “clínex”. Como no queriendo que yo partiera, agitaban los “quitamocos” blancos y corrían siguiendo el curso del autobús. No se cuando los volveré a ver, sin embargo, estoy seguro que nunca habré de compartir mis profesionales pasos de baile, ni mis cajas de cereal, como los compartí con estos cuatro friolentos tenochcas, que con todas las de la ley se han ganado el derecho de llamarse mis amigos.
¿A qué vine tan lejos? (Parte 2)
Yo ya tengo mi respuesta, y se los advertí desde hace algunos meses, sin embargo, me había reservado la aclaración. Yo solamente he venido a Suecia a meter mis manos en la fría nieve, para después tomar un poco de ella e iniciar una batalla con el cristiano más indefenso a distancia de tiro. Misión cumplida. El resto de mis experiencias son azares y son sorpresas, las he buscado pero también han venido. Para mí, estas vivencias han sido como una paleta que se recibe inesperadamente en un día cualquiera; simples razones para amar la vida como es.
Advertencia
Como diría mi sabía madre, “si quieren Dios, el juez y la vaquita” el 29 de junio estoy de regreso en el majestuoso y caótico Valle de Anáhuac. Aprovechen que todavía les queda un mes sin escuchar mis ridiculeces de viva voz, recuerden que el tiempo se pasa como agua y que uno no sabe lo que tiene hasta que se acaba. Espero que mi ausencia les resulte invaluable; para mí la suya lo es, al menos me permite quererlos más.
Desde la Suecia que ya empiezo a extrañar y de la que me voy con una lágrima traicionera, hasta mi México cada vez menos distante, un fuerte y sentido abrazo.

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