Carta abierta a mi amigo “izquierdoso”
Querido Roberto:
He leído todas y cada una de las líneas que has hecho el esfuerzo de escribir y no me cabe duda de que tienes razón. El análisis que haces de la historia del siglo XX, sus líderes y sus ineptitudes me alivia; me da la oportunidad de saber que todavía existen mentes suficientemente complejas como para generar cambios en nuestra realidad. La crítica que atinas en realizar hacia el modelo neoliberal me parece justa y la acotación de que en México los índices de pobreza son inaceptables, no me parece menos valiosa. Mientras tanto, la defensa que mantienes frente a Andrés Manuel López Obrador me parece valiente y correcta, sin embargo, la siento ingenua.
Una vez hecha la indispensable introducción, paso a compartirte mi primera preocupación. El debate público ha desmerecido, se nota superfluo e indigno del momento histórico que vivimos. Se habla del fraude y el recuento como si ese fuera el problema, o pero aún, la solución. Escucho y leo a los analistas sin espíritu ni conocimiento social. Veo a los mexicanos ofendidos por las acciones de Andrés Manuel o por las de Felipe, cuando en realidad deberían estar ofendidos por lo que pasa dentro de esas casas de lámina que tú yo hemos visto cuando hacemos una expedición. Veo a los mexicanos conformes o inconformes, pero con las primeras planas, no con los artículos de fondo. Noto a un México pobre que no comprende que es rico y a un México rico que no entiende que es pobre.
Habiendo dicho esto, tengo que reconocer que el diagnóstico de Andrés Manuel me parece acertado, su causa me parece honorable, su modelo me parece ingenuo y sus acciones me parecen detestables. Te invito a que llevemos el análisis a los diferentes planos y que así como he criticado a tu candidato, me ayudes a criticar al mío. Que propongamos y que exijamos. Que comuniquemos y que escuchemos. Pero también te invito a que no nos radicalicemos ni dejemos que se radicalicen los que piensan diferente a nosotros.
Sabes bien que no comparto tu voto, pero lo respeto y aunque me queda claro que no compartes mis formas estoy seguro que me asistirías en caso de necesitarlo. Eso, mi querido amigo es la condición primera de la democracia. Ese sentimiento que tú y yo tenemos clavado en el corazón es algo que en el siglo XVIII unos revolucionarios en el viejo continente separaron en tres maravillosas palabras: libertad, igualdad y fraternidad. Eso, mi estimado Roberto es algo que no existe en nuestro país y por tanto carecemos de la posibilidad de ser demócratas.
Eso es lo segundo que me preocupa. Las palabras que utilizas me parecen tan poco fraternas como los correos en los que se hacen burlas a los “nacos”, a los pobres. Los adjetivos que utilizas me preocupan, me hacen pensar que no nos consideras iguales a los demás personajes en el destinatario. Hay algo en tu tono que deja entrever un desprecio a las ideas del derechista, como estoy harto de verlo en el que se expresa del izquierdista. Tu discurso se radicaliza conforme vas dejando hablar a tu corazón, como las palabras de Andrés Manuel se han enturbiado con el paso de las semanas. Es tanto el pecado de defender ciega y neciamente a las instituciones como lo es intentar destruirlas. La rabia que desata el candidato de la Coalición hacia una gran porción de los mexicanos solo me deja ver que es una persona con una causa justa, una lucha correcta por reducir la brecha entre unos y otros, pero también me deja ver a un personaje absolutamente antidemocrático.
¿Qué le corresponde a él? ¿Qué le corresponde a Vicente Fox? ¿Qué le corresponde a Felipe Calderón? Ser líderes sensibles a la situación y las motivaciones de la gente a la que guían. Ser líderes que ejecutan lo que es correcto pero que escuchan a las partes involucradas. Ser líderes capaces y preparados que busquen crear una ambiente de libertad, igualdad y fraternidad donde los medios democráticos por los que el pueblo los posiciona queden validados y fortalecidos. ¿Debemos exigir eso? Claro que sí. ¿Es lo que más me preocupa en este momento? No.
Me ocupa que tú, los “izquierdosos”, los “derechosos”, los de Satélite, los de Polanco, mis amigos los pobres, mis amigos los ricos, mis amigos (la mayoría) que no tienen ni mucho ni poco, mis empleados, mis proveedores, mis padres, mis hermanos, mis vecinos, todos mis conocidos y sobre todo yo nos pongamos a trabajar duro. Es momento de ser constructivos y dejar a un lado nuestro pasado. Estamos a tiempo de callarnos por unos minutos, escuchar un poco y comenzar un discurso que esté enfocado a la reestructuración de nuestros propios modelos de vida. Es momento de dejar de burlarnos de quien no tenga educación secundaria, de quien no vista ropa nueva, de quien tenga uno acento cantado al hablar. Pero también es momento de parar los ataques a quienes nacieron bajo un techo amplio y nunca han sufrido frío por las noches. El reino de los cielos no es ni para los pobres, ni para los ricos, no es para los católicos, ni para los judíos, ni para los ateos. La felicidad no es para nadie y es para todos. Sé tú quien construya y ayuda a los que aun no comprenden que esta es nuestra misión en la vida a que lo hagan también. Yo, me comprometo a hacerlo.
Dejemos este México, y este mundo, en mejores condiciones de cómo lo encontramos, solo así seremos verdaderamente felices.
Desde México hasta México, un fuerte y sincero abrazo.

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