Creatively blogging

Friday, May 19, 2006

Desde Suecia 10

Bienvenidos al inicio del final. Hoy me he dado cuenta que mi próxima visita al supermercado será la última vez que lo haga en este país. Como era de esperarse ante una situación tal, de mi boca se escapa una de esas sonrisas temerosas que expresan solamente una cosa: nostalgia. Bienvenidos igualmente a estas líneas, que orgullosamente vienen a formar la décima entrega de mis notables ridiculeces.

Mis queridos alemanes.

Justo ahora me encuentro en el Café Tufvan, un pequeño lugar casi propiedad de los estudiantes que se encuentra en el corazón del campus. A mi lado toman café esos extraños seres que han sido mis fieles acompañantes durante esta travesía. Detrás de sus enigmáticas personalidades y extravagantes comentarios dignos de caricatura, he encontrado a dos de las personas más nobles de esta aventura. A estos alemanes les agradezco tanto días como noches de risa, y sobre todo les agradezco su cordialidad. Nunca olvidaré que hasta para decirse un secreto entre ellos, lo hacían en inglés, una situación no sólo risible sino enriquecedora.

Los estereotipos únicamente nos ayudan a situar nuestras percepciones en un contexto. Eso he aprendido de estos alemanes que medio locos y medio cálidos. La nueva lección de vida, cuyo conteo he perdido desde que me caí esquiando, es ver los sonidos y escuchar las miradas. Hemos de utilizar nuestros sentidos de tal manera que nuestras ideas no nos alejen de la realidad, y viceversa. Ahí se los dejo.

No soy de aquí.

¡Pero tampoco soy de allá, soy de todas partes y no soy de ninguna! Es así como se siente en ocasiones el viajero. Contagiado por las personas con las que tropiezo y habiendo alterado ligeramente el curso de aquellos que he conocido, me siento a veces como parte de este lugar. Me gustan las flores amarillas que brotan en los caminos, y me gustan las chicas con faldas largas en bicicleta. Me gustan los perros que nadan en el lago, y me gustan los viejos que corren por la ciudad. Me gusta el silencio de la nieve, y me gusta el ruido del sol. Me gustan los pequeños de cuatro años que practican esquí alpino, y me gustó terminar en el hospital. Me gusta Tufvan, y me gusta Stallarna. Me gusta la comida con sabor a estudiante de intercambio, y me gustan las estudiantes de intercambio. Me gustan los trenes, y me gustan los barcos. Me gusta la gente que hace que me desvele, y me gusta la gente que me motiva a levantarme temprano. Me gustan las construcciones de madera, y me gustan las figuras de cristal. Me gusta que el abogado vista igual que el jardinero, y me gusta que el abogado lea tanto como el jardinero. Me gusta comer salmón, y me gusta tomar té. Me gusta correr por los grandes bosques, y me gusta recorrer las preciosas capitales. Me gustan los deportes de invierno, y me gustan las colecciones de moda de invierno. Me gusta Copenhague, y me gusta Estocolmo. Me gusta la música de Eddie Meduza, y me gusta el arte de Linda Tedsdotter. Me gusta la visión del mundo de Felix Gmelin, y me gusta la visión de los negocios de Kjell Nordström

Sin embargo me gusta mi tierra, y me gusta mi cielo. Me gusta la gente gritando en los mercados, y me gusta el rojo de los toldos de los puestos. Me gusta Reforma, y me gusta Insurgentes. Me gusta Tulum, y me gusta Palenque. Me gusta mi pequeña oficina pintada de verde, y me gustan las ilusiones de la gente que la habita. Me gusta La Cabaña, y me gustan sus recuerdos. Me gustan mis primos, mis tíos, y e gustan desde hace tiempo mis abuelos. Me gusta la voz de mi hermano, y me gustan las manos de mis padres. Me gustan los trompos, los yoyos y los baleros, y me gusta la cara de los niños al desbordarse una piñata. Me gusta Ana, y me gustan sus sueños. Me gusta Sabines y me gusta Rivera. Me gustan los puestos de flores en las calles, y me gustan también los de tacos y los de hamburguesas. Me gustan los tamales, y me gusta el atole. Me gustan los molletes, y me gustan los chilaquiles verdes con pollo gratinados. Me gusta tomar un café en Vips, y me gusta disfrutar un café en La Parroquia. Me gusta Jalcomulco y me gusta Zacatlán.

Me gusta mi México y me gusta mi Suecia.
No soy de aquí ni soy de allá,
no tengo edad ni porvenir
y ser feliz es mi color de identidad.

Por tu bello mundo, por tu magnífico mundo y tu bella gente, gracias, amado Señor.

Desde aquí, hasta allá, les mando un fuerte y caluroso abrazo.


Wednesday, May 10, 2006

Desde Suecia 9

Son ya 120 días de que tomé aquel avión que me trajo al viejo continente y mi percepción de la realidad es tan diferente, que de pronto me siento parte de este país. Para bien o para mal, estoy cerca de dejarlo. La nostalgia empieza a pasear alrededor de los corazones de todos mis compañeros de viaje, y nos encontramos en la maravillosa oportunidad de disfrutar el gran final. Sin embargo, yo no vine a contarles eso, así que pasemos a lo que sigue.

Quemando el invierno.


Hace un par de semanas tuve el placer de presenciar una fiesta que solo en un país como éste tendría sentido. Jóvenes y viejos salieron a las calles por la noche del 30 de abril hasta llegar a reunirse a la orilla del lago. En el centro de la multitud se encontraba un montículo formado por ramas y hojas secas que alcanzaban al menos 5 metros de altura. Esta celebración se conoce como Valborg y mediante una enorme fogara y fuegos artificiales representa la quema de ese invierno que ya nos estaba empezando a sacar ronchas. Mi cara de ilusión por ver morir el frío solo se comparaba con la de los otros miles de esperanzados habitantes de esta fría región del globo. Esa leña seca servirá para alimentar la primavera y así terminar un ciclo más.

Como si fuera magia, pero de aquella digna de un aprendiz, lo único que conseguimos con nuestro ritual fue una semana llena de lluvias que igualmente nos mantuvieron atrapados en los edificios. Sin embargo, el final de la historia fue feliz, una vez que salió el sol, hemos gozado de la primavera más fantástica de mi vida. En los últimos días todos los árboles se han cubierto de hojas, todos los jardines se han cubierto de flores y todos los cuerpos femeninos se han cubierto de bikinis.

Uno pa’ti, tres pa’mi.

Como algunos de ustedes sabrán, Suecia se considera uno de los países más evolucionados del mundo y esto se debe sobre todo a un sistema de igualdad y seguridad social sumamente sólido. Son diversas las políticas que se siguen para asegurar una alta calidad de vida para todos los ciudadanos. A mi regreso espero por comentarles muchas de ellas, pero por el momento les dejo reflexionar sobre lo siguiente. El director de una empresa mediana gana alrededor de 60,000 pesos mensuales, lo cual para los estándares mexicanos es bastante austero. Mientras tanto, un conserje dentro de la misma empresa gana alrededor de 20,000 pesos mensuales, muy por arriba del salario mínimo en nuestro país.

Mientras en México existen familias compartiendo un solo cuarto para vivir y existen familias con propiedades en diversas playas del país, en Suecia un obrero podría estar sentado al lado de un alto directivo, degustando el mismo platillo en cualquier restaurante de la nación. ¿Qué vamos a hacer al respecto?

Un mundo de Scouts.

Debido a que una buena parte de las personas que reciben este correo han pasado a través del movimiento Scout, y los demás entienden el apego que tengo a éste, me permito compartirles lo siguiente. Es impresionante el alcance del escultismo alrededor del mundo. Con mucho gusto he descubierto que gran parte de los estudiantes extranjeros en Friolandia, han portado una pañoleta en algún momento de sus vidas. Los Scouts están en todas las regiones del globo, hablan todos los idiomas y tienen toda forma de comportamiento, sin embargo todos comparten algo en su espíritu. Aunque esto yo ya lo sabía con anterioridad, es interesante redescubrirlo habiendo pasado tantos meses sin el uniforme puesto. Mientras existan personas en la Tierra comprometidas con crecer, ser felices y dar de sí a los demás, tenemos una oportunidad.

Desde el país en donde están mis ojos hasta el país en donde está mi espíritu, un fuerte y primaveral abrazo.