Creatively blogging

Wednesday, April 26, 2006

Desde Suecia 8

Antes de comenzar formalmente con este nuevo capítulo de mi cada vez más constante narración, quiero agradecer a aquellos que se han sumado a la lista de lectores. Si sienten algo de curiosidad por mi experiencia o simplemente encuentran que un domingo se empieza a tornar insípido, pueden visitar el sitio en busca de alivio, mis escritos y algunas fotos. (No creo que encuentren el alivio, pero lo demás seguro ahí está). Ahora sí, a lo que nos concierne.

Sobre Pinochet y otras incongruencias.

¿Pinochet? ¡No hay remedio, el frío le hizo daño a este loco!...pues no, casi me deja sin juicio, pero no. La historia es larga y como estos textos no intentan situarlos en mi tiempo y espacio, sino que buscan simplemente compartir un poco de mis pensamientos, les voy a ahorrar una parte del cuento. La cuestión es que una vez más me encuentro en la maravillosa capital de Escandinavia, pero esta vez mi rol como turista ha pasado a segundo plano. El objetivo principal de mi estancia es trabajar con un joven estocolmés de sangre chilena cuyo talento en el diseño contrarresta mis debilidades. Es por esto que durante los últimos días he gozado de las atenciones de una gran familia latinoamericana; los padres son unos generosos e inteligentes exiliados del régimen del general Augusto Pinochet, lo que los tiene en Suecia ya de manera permanente.

Juntos hemos conversado por horas y horas hasta que el reloj les ha recordado que es momento de descansar para trabajar al día siguiente. Los temas han sido diversos pero siempre terminan en un estado mutuo de enseñanza entre lo que en fundamento son las naciones involucradas: Suecia, Chile y México. Me siento lleno de energía para regresar a México en unos meses e intentar contagiarlos con estas breves lecciones de vida. Estoy conciente de que el idealismo que hoy llena mi corazón se verá enfrentado con la realidad y quedará herido de muerte. Pero no es en el ideal en quien confío, sino en ustedes y en mí, y en nuestra capacidad de llenar nuestras propias vidas de ideas críticas y mucha generosidad para con los que nos rodean.

Después de todo, aunque suene incongruente, no he venido a Suecia a aprender de los suecos. Mi viaje ha estado lleno de experiencias ricas que se centran más en el descubrimiento de mi México, de mi mismo, e incluso de algunas otras fabulosas culturas y lejanos países. Gracias Chile.

Los pequeños grandes detalles.

El diálogo es un fundamento del conocimiento; nos permite generar nuevas ideas a partir de lo que sabíamos con antelación.

Pues bien, temeroso de que piensen que voy a empezar a rebuscar las cosas, pasaré a relatarles algunas nuevas líneas. En días anteriores conversando con un amigo que tuvo la oportunidad de visitar Sudamérica, encontré en sus palabras el reflejo de mi experiencia. Después de relatar algunas experiencias a groso modo, ambos coincidimos en que lo más rico de conocer otros países no es lo que llevan las tarjetas postales en el anverso, es más, ni siquiera las palabras que se pueden escribir en el reverso alcanzan a definir aquello. Lo maravilloso de conocer otras tierras son los detalles, los pequeños grandes detalles.

Cuando me acerco a cruzar una calle a pie, los autos se detienen. Cuando algún conocido o desconocido llega a mi departamento, inmediatamente deja los zapatos en la entrada. Cuando cocino no uso una estufa de gas, aquí no existen. Cuando voy al supermercado pago por cada bolsa que utilizo, no las regalan, pero no se rompen. Cuando estornudo nadie reacciona, no existe costumbre alguna relacionada con el incidente. Cuando limpio mis manos al comer recurro a toallas de papel en rollo, las servilletas comunes son demasiado caras. Cuando pienso en Suecia, pienso en detalles siempre en detalles.

Una breve sobre los bosques.

Una vez que la nieve no es más que un bonito recuerdo, he dejado de correr por las rutas destinadas para ello. Ahora acostumbro salir día tras día en busca de nuevas veredas en los bosques que rodean la universidad. Aquellos que hayan escuchado la solitaria sinfonía que interpretan las aves acompañadas por el silbido del viento entre las ramas, sabrán de lo que hablo. Los bosques de Suecia son maravillosos, son la prueba misma de la grandeza e insignificancia de nuestro ser. A cada paso que doy se me presenta una nueva oportunidad de entender porqué los habitantes de estas tierras aman tanto a la naturaleza. Simplemente es omnisciente, es Dios.


Desde la tierra en la que a los limones les llaman limas, hasta la tierra donde a las limas les llamamos limones, un fuerte y cada vez más caluroso abrazo.


Friday, April 21, 2006

Desde Suecia 7


¡GOYA! ¡GOYA!
Cachún Cachún Ra Ra
Cachún Cachún Ra Ra
¡GOYA! ¡UNIVERSIDAD!



He dicho.


Nota: Publicado después de la gloriosa victoria de los Pumas ante un club de Coapa que se hace llamar Águilas del América.



Desde Suecia 6

¡Sorpresa! Después de un buen tiempo sin escribir, creo que algunos habrán empezado a dejar de esperar este correo. Otros tantos, a los cuales les agradezco en sobremanera, me han recordado a través de sus correos que desean saber un poco más acerca de mi aventura. Para unos y para otros he aquí otra de las pequeñas rebanadas que tengo el gusto de compartirles. Aquí vamos.

Una nueva Suecia.

Perdonarán el desorden de mi narración, pero se debe al desorden de mis emociones. Aunque a algunos les pudiera parecer superfluo, el evento más importante en las últimas semanas de mi estancia en Friolandia es la inminente llegada de la primavera. Yo se que para algunos, el equinoccio de primavera es solo una fecha más en el calendario y que sus vidas se ven igual antes y después de este. Pues a todos ustedes, y a mí por supuesto, Dios nos ha bendecido con la tierra que nos dio como hogar. Acá el invierno es intenso, resquebrajador y hasta espeluznante; mantiene a hombres, mujeres, niños y perros en estado de hibernación. Es por esto, que la primavera, el sol y los capullos de flores que la acompañan, marcan un hito en mi aventura escandinava. La nieve se ha ido para no volver (al menos hasta la próxima semana que nos agarre de bajada) y lo ha hecho para dejar que los campos se llenen de deportistas, los lagos se llenen de patos y los corazones se llenen de vida.

Una nueva república.

Pasando a otras noticias, el fin de semana pasado me embarqué, literalmente, en una nueva cruzada. A la voz de eleven anclas, partí en un crucero (recibe este nombre porque “cruza” un mar, no porque sea un complejo turístico flotante) cuyo destino final fue la ciudad de Talinn en la república de Estonia. Para los despistados, este país solía ser uno de los estados de la extinta Unión Soviética pero hoy en día es un miembro en período de transición de la Unión Europea. Lo anterior significa que le pueden estampar un círculo con estrellitas a todo lo que quieran, pero no pueden circular libremente por la unión como cualquier francés o alemán.

En fin, Talinn es una ciudad pequeña pero maravillosa. Fundado hace alrededor de mil años, este puerto aún conserva su arquitectura medieval e incluso se mantiene parcialmente amurallado. Su gente se nota ciertamente peculiar, incluso apegada a un estereotipo ruso. Los hombres tienen esa mirada dura mientras fuman su cigarro a las afueras de su negocio, mientras que las mujeres tienen esa cara de muñecas y ese cuerpo…de muñecas también.

Por cierto, a aquel que posea, administre o tripule un crucero ahí le va un consejo: Subir a 120 estudiantes de diversas universidades del mundo en un barco con una tienda libre de impuestos puede ser toda una experiencia. Tome las precauciones pertinentes y recuerde que o los encierra a todos, o se encierra usted o se une a la fiesta.

Una nueva lección de vida.

Ya no se en donde se quedó el conteo de lecciones pero seguro ya lleva triple dígito. Esta vez la lección va para todos ustedes, se las dejo al costo: Valoren ampliamente la forma en la que los mexicanos experimentamos la realidad. ¿A qué me refiero? Lo voy a tratar de explicar. La gente de mi país se emociona, se exalta, se enoja, se alegra, se entristece, se apasiona, extraña, ama, siente y odia. La gente de mi país se involucra con el resto de la gente, y para ellos, los seres queridos nunca se van, siempre regresan; los hacen parte de su ser, los incluyen en su corazón. La gente de mi México lleva consigo a sus muertos y a sus vivos. La gente de mi México nunca se va, está viva. Nunca se calla, siempre hace ruido. A la gente de mi tierra no le pasan las cosas sin que la afecten; la realidad mueve a esa gente, y ésta a su vez le pone dinamismo y sabor a la realidad. Sin embargo, desde estos rincones del planeta todo se valora más, como dirían los Caifanes: aquí no es así.

Una nueva petición

Salven a mi país, por favor. Durante mi larga ausencia sólo me ha preocupado realmente una situación, que los mexicanos y las mexicanas salgan a exigir lo que como ciudadanos se merecen. Pero les pido que dejen de exigírselo al presidente, al congreso o al IFAI, exíjanselo unos a otros. Exíjanse la responsabilidad social y demócrata que todos necesitamos para evolucionar como nación.

Desde el “país más competitivo del mundo” hasta el “país más emocionante del mundo” un caluroso y cariñoso abrazo.



Desde Suecia 5

Los últimos días han sido por demás extraños. Después de ver mis ilusiones de salir frustradas por una nevada de 2 días seguidos he decidido (como si me tocara decidir) que la vida aquí no es color de rosa. El frío empezaba a causar resquebrajos en mi espíritu, cuando encontré en el amor y sabiduría de mis padres un refugio temporal. Después de eso, como nuevo salí una vez más a tratar descubrir los secretos de Estocolmo y aquí les relato brevísimamente una breve parte de mi aventura.

Añada dos cucharadas de sol y deje reposar.


Ayer fue el primer sábado que me quedé a dormir tranquilamente huyendo del armónico e hipnotizante sonido de la fiesta, y saben algo, no me arrepiento. Las 10 horas de sueño de esta noche pagaron parte de la deuda que tenía con Morfeo. Cómo dicen en mi pueblo, hay que liberarse en abonos chiquitos para pagar poquito. La decisión fue, por demás redituable. Hoy tuve a bien levantarme temprano y salir a caminar por las calles de Estocolmo hasta llegar al Museo de la Ciudad. Estocolmo no solo se veía, sino se respiraba imponente. Esta ciudad, vista a través de la tormenta de nieve, es como uno de esos paquetes de comida instantánea que se ven bien por fuera pero que dadas las instrucciones de preparación, nos causan duda sobre el verdadero sabor. La decepción no se hizo presente. A esta ciudad solo le faltaban dos cucharaditas de sol, y ahora que se las pusieron, no puedo quitar los ojos de los brillantes residuos de nieve que descansan sobre las cornisas de los otoñales edificios. Las pinceladas que marcan las construcciones centenarias, los barcos, los puentes, la gente, la nieve y el sol descansan en un gran lienzo dentro de mi memoria.

Los enormes carteles en la fachada del museo anunciaban una exposición temporal llamada Design:Stockholm. Al aproximarme a la sala de exhibición tuve esa extraña sensación de verme en los ojos de quien me he convertido. Acto seguido, me vi en los ojos de aquel en quien me quiero convertir y recordé cuanto camino falta por recorrer. La experiencia fue eso y más; y fue tan mágica, que lamento no ser capaz de relatarla por este medio. Luego les platico.

¿A qué vine tan lejos?


Que no los asuste la pregunta, la duda es válida. Después de dos meses de vivir en Escandinavia, me vuelvo a hacer la pregunta que me hice antes de venir: ¿A qué he venido? Acá cada quien tiene su propia idea. Unos dicen que a disfrutar de la vida, otros dicen que a aprovechar la experiencia académica, también se dice que a estar de fiesta, que a estar con gente de otros países, que a conocer gente de otros países (que es muy diferente), que a independizarse del hogar, que a entender la cultura del país, que a practicar otro idioma, en fin, hay como otras 20 razones cada una con 10 variantes. Mi respuesta ya la tengo, pero les hago la pregunta a ustedes. ¿Con qué sueña cada quién? Cualquier sugerencia es bienvenida.

Desde la llamada “Tierra que Dios olvidó”, a mi querida Latinoamérica y a todos ustedes, un caluroso abrazo.


Thursday, April 20, 2006

Desde Suecia 4

Hoy es el martes 28 de febrero más raro de mi historia, y pasará lo mismo mañana 1 de marzo y así seguirán contando los maravillosos días de mi nórdica aventura. ¿Y qué les platico esta vez? No mucho.

Las cosas se han calmado un poco en éste mi pueblo de 70,000 habitantes y 20,000 bicicletas (quien quiera conocer un pueblo bicicletero, hábleme y arreglamos la vista guiada). Los días cada vez son menos cortos, la nieve es cada vez más dura y el sol cada vez es más complaciente. Pronto llegará la primavera.

Nosotros los pobres

Recordarán que la semana pasada les escribí desde un veloz y cómodo tren que va de Växjö a Alvesta (otro pueblo bicicletero) y de ahí a Estocolmo (capital no tan bicicletera de este gran país). Bien, ahora les cuento que aquel fin de semana fue estupendo. Estocolmo es por demás bello, aún con el viento y la nieve se puede apreciar una ciudad llena de vida y desarrollo. El diseño brota por todos lados. Desde las pequeñas tiendas hasta los grandes museos, la llamada Capital de Escandinavia, representa todas las ambiciones estéticas de la sociedad contemporánea. Así de misteriosa es su naturaleza.

Sin embargo, yo casi no estuve en la ciudad. Mis días transcurrieron principalmente en los suburbios pobres de la metrópolis sueca. Y digo pobres porque eso me dijeron los residentes de la zona habitacional donde me hospedé, pero a simple vista a mi me pareció que su concepto de pobreza distaba un poco de mi percepción. Ahí les va como está la cosa: La familia pobre promedio de este país tiene dos autos (digamos un BMW serie 3 1990 y un Audi A6 1996), tiene un refrigerador lleno de artículos básicos que incluye una amplia variedad de carnes frías, goza al menos de una pantalla de plasma de 24 pulgadas combinada con un sistema de teatro en casa, los hijos tienen IPods Nano y teléfonos Nokia de última generación, viven en un departamento de dos pisos con vista al lago, guardan un pequeño bote en la marina del vecindario para usarla en verano y se divierten esquiando en invierno, eso cuando no están de viaje por Europa u otro continente.

Ciertamente el contraste de realidades está causando estragos en mi conciencia. En las noticias dicen que 65 mineros Coahuilenses, a cambio de unos pocos salarios mínimos, se han quedado atrapados dentro de la tierra, y yo me pregunto si no estarían igual de atrapados fuera de ella. De corazón, en paz descansen.

See you downhill! (o, ¡ai nos vemos cuando bajemos abajo!)

Regresando a mi afortunada realidad solo queda decir que esquiar es fantástico, por no decir adictivo. Como me han dicho que echando a perder se aprende, yo me eché y me eché por la colina hasta que aprendí. Pero al parecer no aprendí tan bien así que después de 4 horas de caer sin consecuencias, caí con consecuencias. En el hospital de Estocolmo me dieron una credencial de acceso rápido para otras ocasiones, me hicieron esperar más de dos horas y después me dijeron que la mejor cura para mi esguince sería mover mi brazo tanto y tan pronto como fuera posible. Así nomás, sin receta, férula ni terapia me fui a casa a buscar alivio en la eficaz e internacionalmente conocida “Pomada del Tigre”. La vida aquí sigue siendo enriquecedora, aún en los malos momentos y he de reconocer que el método sueco funciona, hoy ya me siento bien.

A mi México y a todos ustedes les mando un fuerte abrazo.


Desde Suecia 3

Fue hace solo unos días que llegué a este lejano país. Pero también fue hace solo unos días que cumplí un mes fuera de casa. Así es el tiempo, siempre engaña. Si lo observamos constantemente, nos condena, y si nunca lo miramos, nos abandona y se va. Así ha pasado el tiempo y yo seguía sin escribir, pero la espera ha terminado.

A través de Escandinavia

Voy en un tren desde mi pueblo hacia Estocolmo. Me siento como la india María bajando del cerro. Por fin, después de cinco semanas, conoceré la famosa capital de mi país adoptivo. Unos dicen que es la Venecia nórdica, otros comentan que es la capital más pequeña del mundo, mientras otros tantos afirman que es tan peculiar que ahí hasta las víctimas se compadecen de sus plagiarios. Pero yo de esto no se nada, así que llegaré como turista azteca a tomar fotos de todas las bellezas que vea (¡ah!, y también de la ciudad).

En realidad el propósito de mi viaje, no es ni muy profundo ni muy cosmopolita. Después de días y días de ver tanta nieve, consideré apropiado utilizarla para realizar una actividad un tanto más banal pero por demás atractiva. Voy a Estocolmo a esquiar, o al menos a ponerme unos esquís y pretender que lo hago. Inspirado por el espíritu olímpico y por la prueba de slalom gigante que vi por televisión esta mañana, trataré de romper un récord mundial o en su defecto, utilizaré toda mi energía para divertirme como enano. Luego les cuento.

Nota aclaratoria

Para los que aún no lo sepan, éste mes estuvo de maravilla. Suecia es un país muy especial. La gente es buena y disciplinada, pero muy tímida. Durante los días no hablan por temor, así que a la menor prueba de que el sol se ha ido, se esmeran en diluir su sangre en un poco de vodka para sacar a su “yo amigable”. Lo logran, luego entonces se vuelven un poco estúpidos, solo un poco.
Por otro lado he tenido la oportunidad de convivir con mucha gente de otros países. Ellos son más normales, saben divertirse y también saben conversar. Agradezco a Dios estar aquí, y le agradezco que los haya traído a ellos ya que de lo contrario la experiencia de vivir en un país nórdico no sería tan enriquecedora.

La nieve es blanca y esplendida uno o dos días. Después se vuelve el enemigo público, y si el sol la hace enojar, se convierte en hielo y entonces si se pone agresiva la cosa. En muchos sentidos, la nieve es el reflejo de lo que es este país: Un lugar maravilloso y frío.

Más que mil palabras

Para aquellos que prefieren ver que leer, o para los que les gustan ambas actividades, he aquí la dirección de mi weblog. Ahí podrán encontrar muchas fotografías de mi estancia en Suecia y el archivo de los correos que hasta ahora he mandado.

No necesitan suscribirse para revisarlo. Todo está disponible para todos.

Ingresen a
http://vaxjovu.multiply.com. Para los curiosos, växjövu significa “vivo en växjö” en el impronunciable idioma de los vikingos.

Por el momento, es todo. Para mi México, desde un tren en medio de la nada, un caluroso abrazo.



Desde Suecia 2

Sin título (aún).

¡Es verdad! La ausencia de sol mata.

El paisaje de Oslo es demasiado fuerte. Me refiero a que a través de la ventana del avión percibo la sensación de que todas esas enormes y frías manchas blancas están ahí para provocar al hombre. Le coquetean, lo seducen y más tarde lo traicionan.

El peor golpe que la nieve y el sol le han atestado a los noruegos ha sido quitarles el habla. En la enorme y bella instalación del aeropuerto de esta ciudad escandinava apenas se escuchan las voces. Se siente como una biblioteca en período ínter semestral. Debe ser difícil vivir aquí.
La gente aquí parece dignamente sacada del catálogo otoño-invierno de una firma global. Los viajeros visten las mejores ropas, pagan precios altos por… ¡todo!, y se sienten seguros de sí mismos. Sin embargo, algo está vacío.

¡Lo que me faltaba! Son las 3 de la tarde, no se ve el sol y la luna está en todo su esplendor. Con razón la gente no habla. Todos deben estar permanentemente dormidos.

En 4 horas más estaré en mi nuevo hogar. Estoy disfrutando esto demasiado. Estoy aprendiendo de todo un poco. Solo espero que el peor de mis miedos no se vuelva realidad, el miedo a acostumbrarme a las cosas. Es fácil perder la capacidad de asombro. Yo no quiero perderla.



Desde Suecia 1

Después de una semana de estar aquí, finalmente tengo oportunidad de enviar el correo que empecé a escribir cuando salí de la Ciudad de México. He de explicarles que durante los próximos seis meses haré mi mejor esfuerzo por escribir cosas que realmente lean y que además formen parte de mis impresiones de viaje (Eso si que suena difícil). Cabe mencionar que el estilo literario será la ausencia de estilo, así que hay texto para todos.

Tercera llamada. Comenzamos.

Sin título (aún).

Primera lección de vida: A los pasajeros de primera clase les ha dado un amor inexplicable por las Blackberries. Todas y cada una de las ejecutivas y los ejecutivos juegan con el propio mientras yo paso entre ellos con mi cara de admiración. Parecen niños con Gameboy nuevo. Seguramente consideran que sus vidas están conformadas por una serie de niveles que pueden ser conquistados uno a uno a través de sus organizadores personales. Son adultos jugando como niños o niños trabajando como adultos. No encuentro la diferencia.

Hablando de vidas, doy gracias a Dios por darme ésta. Suecia…allá voy.

Segunda lección de vida: Ésta lección va para los mecánicos aeronáuticos. Si un terrorista amargado tiene la ocurrencia de atentar contra nuestra aeronave, o si una mosca supersónica se atraviesa en el camino, el avión tomará las precauciones necesarias para la supervivencia humana. El sistema activará esas máscaras amarillas que casi nadie de nosotros tiene el honor de conocer. ¿Y qué pasa si la máscara del piloto no sirve? Sencillo. Es como si ninguna de las demás sirviera. Todos morimos. ¡Es por eso que hay que revisarlas!

Otro detalle. De preferencia revísenlas cuando la aeronave se encuentra durmiendo en el hangár, o al menos cuando los pasajeros todavía estén chachareando en el duty free, no cuando tienen abrochados sus cinturones y están inmersos en el mundo de sus Blackberries con una piña colada a medio beber.

El piloto ha dicho que la reparación durará una hora y media. Por el bienestar de todos esperaríamos que así fuera. Más tarde nos enteraremos que para Continental Airlines ese lapso es equitativo a lo que según mi reloj son 6 horas.

Tercera lección de vida: Cuando estén en el aeropuerto de su ciudad natal, esperando por 6 horas para volar a un pueblo de 75,000 habitantes en medio de un continente desconocido, con tres conexiones de por medio en diferentes países, no se pongan nerviosos. Mejor escriban en sus cuadernos y hagan que sus seres queridos lean sus notables ridiculeces. Todo es más fácil así.

Los quiero y siento que ya los extraño.