Desde Suecia 8
Antes de comenzar formalmente con este nuevo capítulo de mi cada vez más constante narración, quiero agradecer a aquellos que se han sumado a la lista de lectores. Si sienten algo de curiosidad por mi experiencia o simplemente encuentran que un domingo se empieza a tornar insípido, pueden visitar el sitio en busca de alivio, mis escritos y algunas fotos. (No creo que encuentren el alivio, pero lo demás seguro ahí está). Ahora sí, a lo que nos concierne.
Sobre Pinochet y otras incongruencias.
¿Pinochet? ¡No hay remedio, el frío le hizo daño a este loco!...pues no, casi me deja sin juicio, pero no. La historia es larga y como estos textos no intentan situarlos en mi tiempo y espacio, sino que buscan simplemente compartir un poco de mis pensamientos, les voy a ahorrar una parte del cuento. La cuestión es que una vez más me encuentro en la maravillosa capital de Escandinavia, pero esta vez mi rol como turista ha pasado a segundo plano. El objetivo principal de mi estancia es trabajar con un joven estocolmés de sangre chilena cuyo talento en el diseño contrarresta mis debilidades. Es por esto que durante los últimos días he gozado de las atenciones de una gran familia latinoamericana; los padres son unos generosos e inteligentes exiliados del régimen del general Augusto Pinochet, lo que los tiene en Suecia ya de manera permanente.
Juntos hemos conversado por horas y horas hasta que el reloj les ha recordado que es momento de descansar para trabajar al día siguiente. Los temas han sido diversos pero siempre terminan en un estado mutuo de enseñanza entre lo que en fundamento son las naciones involucradas: Suecia, Chile y México. Me siento lleno de energía para regresar a México en unos meses e intentar contagiarlos con estas breves lecciones de vida. Estoy conciente de que el idealismo que hoy llena mi corazón se verá enfrentado con la realidad y quedará herido de muerte. Pero no es en el ideal en quien confío, sino en ustedes y en mí, y en nuestra capacidad de llenar nuestras propias vidas de ideas críticas y mucha generosidad para con los que nos rodean.
Después de todo, aunque suene incongruente, no he venido a Suecia a aprender de los suecos. Mi viaje ha estado lleno de experiencias ricas que se centran más en el descubrimiento de mi México, de mi mismo, e incluso de algunas otras fabulosas culturas y lejanos países. Gracias Chile.
Los pequeños grandes detalles.
El diálogo es un fundamento del conocimiento; nos permite generar nuevas ideas a partir de lo que sabíamos con antelación.
Pues bien, temeroso de que piensen que voy a empezar a rebuscar las cosas, pasaré a relatarles algunas nuevas líneas. En días anteriores conversando con un amigo que tuvo la oportunidad de visitar Sudamérica, encontré en sus palabras el reflejo de mi experiencia. Después de relatar algunas experiencias a groso modo, ambos coincidimos en que lo más rico de conocer otros países no es lo que llevan las tarjetas postales en el anverso, es más, ni siquiera las palabras que se pueden escribir en el reverso alcanzan a definir aquello. Lo maravilloso de conocer otras tierras son los detalles, los pequeños grandes detalles.
Cuando me acerco a cruzar una calle a pie, los autos se detienen. Cuando algún conocido o desconocido llega a mi departamento, inmediatamente deja los zapatos en la entrada. Cuando cocino no uso una estufa de gas, aquí no existen. Cuando voy al supermercado pago por cada bolsa que utilizo, no las regalan, pero no se rompen. Cuando estornudo nadie reacciona, no existe costumbre alguna relacionada con el incidente. Cuando limpio mis manos al comer recurro a toallas de papel en rollo, las servilletas comunes son demasiado caras. Cuando pienso en Suecia, pienso en detalles siempre en detalles.
Una breve sobre los bosques.
Una vez que la nieve no es más que un bonito recuerdo, he dejado de correr por las rutas destinadas para ello. Ahora acostumbro salir día tras día en busca de nuevas veredas en los bosques que rodean la universidad. Aquellos que hayan escuchado la solitaria sinfonía que interpretan las aves acompañadas por el silbido del viento entre las ramas, sabrán de lo que hablo. Los bosques de Suecia son maravillosos, son la prueba misma de la grandeza e insignificancia de nuestro ser. A cada paso que doy se me presenta una nueva oportunidad de entender porqué los habitantes de estas tierras aman tanto a la naturaleza. Simplemente es omnisciente, es Dios.
Desde la tierra en la que a los limones les llaman limas, hasta la tierra donde a las limas les llamamos limones, un fuerte y cada vez más caluroso abrazo.
